Natxo Corresa
Por Nacho Corresa 22 de agosto del 2013 - 19:38

Ortega, Hemingway y Bilbao

Decía Ortega y Gasset, refiriéndose a las diferentes zonas taurinas de España, que cada encaste tiene su lidia y que ésta viene favorecida por el lugar de procedencia del torero. Estas palabras tienen su explicación en un momento en el cual muchos matadores que no triunfaban se dedicaban a torear en las zonas de su entorno, un hecho al que también se refiere Ernest Hemingway en su libro Muerte en la tarde. Desde el punto de vista cultural, es cierto que —antes de la era de la globalización— el clima y la orografía impregnan carácter, es decir, existe una fuerte vinculación entre el territorio, sus habitantes y su modo de entender el entorno inmediato. Por esta razón, Ortega y Gasset, al hablar de las tres zonas taurinas en las que él clasificaba a toros y toreros, entendía que los diferentes encastes de éstas zonas les eran más propicios a los matadores de cada una de ellas.

Lo que queda claro y patente es que se torea como se es, porque el buen toreo —como en cualquier disciplina artística—surge desde el corazón y en la profundidad del alma está quiénes somos, qué sentimos y cómo expresarnos. Si el torero nace y no se hace es porque hay privilegiados que saben como expresar esos sentimientos y transmitirlos de forma natural a los espectadores. Si bien es cierto, la técnica, es decir, la praxis (la práctica), es necesaria y como se suele decir, hace maestros, por lo que también es importante y necesaria. Es más, el mismísimo Hemingway en el libro que antes he citado, hace una crítica positiva a la "decadencia" del toreo —entendida como el cambio del toreo valeroso al toreo estético, al que también llama con mucha razón, científico­— del cuál surge el toreo moderno y tecnócrata, además de estilístico y hermoso al conjugar una buena embestida con la elegancia técnica del estilo en un embroque transformador, suprasensorial, emotivo y efímero propio del arte contemporáneo más puro que existe, como para muchos críticos lo es una performance (arte en vivo).

Por otro lado, se es como a uno lo educan y en el caso del toreo se torea como se es. La educación es primordial en la formación de una persona y, como se dice en un pequeño tratadito de urbanidad para niños del año 1842, es el conjunto de "saberes" —cortesanía, comedimiento, atención y buen modo de portarnos— de la sociedad. Si la educación va asociada a la comunidad con la que compartimos las mismas costumbres, leyes, tradiciones... es normal que se creen hábitos y formas de entender el mundo diferentes entre unas y otras sociedades, es decir, culturas. En relación con el toreo, Ortega y Gasset venía a decir sobre las diferentes tauromaquias que las formas geométricas (por tanto el estilo), estaban vinculadas con los hábitos culturales, de entre los cuales no sólo bebe el toreo, sino también la danza.

Estas apreciaciones orteguianas están intrínsecamente relacionadas con las que el nobel Hemingway hace al tratar la variedad del gusto, haciendo referencia a la tauromaquia en España. Y los dos autores coinciden en la importancia de la tauromaquia vasca, donde el toro es el rey de la fiesta. El estadounidense llega a decir, incluso, que «si queréis ver hasta dónde una multitud puede ser brutal y hasta que punto un torero puede aterrorizarse, id a Bilbao». Bilbao y su zona de influencia es, en consecuencia, una zona taurina por excelencia, donde se busca un toro bravo e intimidador que siga el juego-ritual de la antigua lidia, más natural que estética y mucho más valerosa. Con la desaparición del toro navarro en las corridas, cuya condición, según el filósofo español, era su excesivo nerviosismo y su cualidad más significativa la facilidad de revolverse en pocos palmos de terreno, se introduce el toro que impone más por su tamaño, que por su fiereza, razón por la cual, el propio Hemingway dice de Bilbao, que es una ciudad donde se admira a los toros pero no a los toreros.

Es cierto que en Bilbao el toro es el centro de la fiesta, debe serlo no sólo en esta ciudad, sino en todas, pero no olvidemos que en tauromaquia no hay arte si no hay tampoco un torero ante la res. En lo que llevamos de Feria en la plaza de toros de Vista Alegre, en esta Aste Nagusia 2013, hemos podido ver excelentes faenas, especialmente las que nos ha dejado el maestro valenciano Enrique Ponce que, con sus veintitrés años de alternativa, no ha dejado nunca de estar en lo más alto del escalafón, reivindicando en la arena, su condición de figura del toreo con una elegancia y una clase sublime.

Bilbao es y será para el toreo un punto fundamental, como lo son también Madrid, Sevilla, Pamplona, Valencia y que fue también Barcelona. Cada una tiene su idiosincrática manera de entender y ver los toros según esa educación cultural geográfica que hemos tratado al principio de este escrito. Ni mejor, ni peor, totalmente diferentes, algo en lo que coinciden Ortega y Gasset y Ernest Hemingway en sus escritos, como también en la importancia del toro en el norte de España, su afición y su lidia.

 

Nacho Corresa

*Burladero.com no se hace responsable de las opiniones personales vertidas por los colaboradores del portal.

Apartado de Correos 262
CP: 37080 (Salamanca)
Email: redaccion@burladero.com
Tel. Redacción: 911 412 917 ext. 1
Tel. Administración: 911 412 917 ext.2
Fax: 91 141 21 33
Publicidad: publicidad@burladero.com
Powered by