Opinión
Por Carlos Bueno 27 de agosto del 2013 - 10:30

Mis repetos para el alcalde de Nules

Debe ser muy difícil tener que llamar a la puerta de la casa de una vecina para comunicarle que su marido acaba de perder la vida en las fiestas taurinas de su localidad. Si uno es el alcalde de la ciudad es un trago amargo que puede declinar ordenando que sea un funcionario del ayuntamiento quien lo haga. Si la vecina es amiga el momento además de amargo es crudo y doloroso. Si el amigo es el alcalde y decide no enviar a ningún emisario y ser él quien llame a la puerta, además de un acto de responsabilidad, es todo un ejemplo de integridad en tiempos en los que la sociedad parece haber perdido valores esenciales de esfuerzo, obligaciones y sensatez, y en los que muchos de nuestros políticos abusan de escurrir el bulto cuando las cosas se ponen feas.

Mario García es alcalde del municipio castellonense de Nules desde 2007, y a lo largo de todos estos años está apoyando la Fiesta de los toros en todas sus facetas. Su afán por hermanar "els bous al carrer" -los tradicionales de su población- con el arte del toreo son dignos de elogio y algún día los taurinos deberían agradecérselo. La organización de las últimas semanas culturales taurinas y la celebración de los festejos populares durante las fiestas patronales le suelen deparar una amalgama de satisfacciones, alegrías y quebraderos de cabeza, pero también ciertos sinsabores y algún que otro disgusto. El último la muerte de Andrés a causa de la cogida de un toro el pasado jueves.

Fue él quien se dispuso en primera persona a contárselo a la ya viuda, su amiga, y quien tuvo que decidir cuánto tiempo de luto decretaba en medio de tanta festividad. "Mi marido hubiese querido que todo siguiese celebrándose", le aseguró ella. Mario decretó que fuese justo un día de duelo, y a la jornada siguiente, a la misma hora en la que un vecino perdía la vida, un toro de Torrealta corría por las calles de Nules. El minuto de silencio que precedió a la salida del astado me erizó la piel. Mutis sepulcral. Calma. Sosiego. Paz. Respeto absoluto. Era el tributo de la gente del toro a quien había perecido entre las astas de su tótem, el homenaje de un pueblo a quien quería que la vida continuase pese a todo.

Las cámaras de un buen número de cadenas de televisión salpicaban el recorrido taurino en busca de carnaza, atraídos por el morbo de la sangre, esperando la imagen carroñera. Ninguna de ellas estuvo los días anteriores para constatar la valentía de los rodadores del lugar. Nadie mostró el trapío que exhibieron los Cuvillo, Parladé, El Torero, Hernández Pla, Juan Manuel Criado, Hato Blanco... Todo lo contrario, aparecieron en el momento más doloroso para sembrar la polémica ¿Se cumplía toda la normativa de seguridad y de servicios médicos? ¿Se estaba al corriente del seguro? ¿Sólo 24 horas de luto? ¿Por qué no se suspendían el resto de celebraciones?

Sí, se cumplía toda la amplia normativa y se había asegurado incluso más de lo obligatorio; era tan fácil como haberlo preguntado. El fatal desenlace fue causa de un desgraciado accidente sin remedio. El tiempo de duelo fue una determinación valiente del alcalde respaldado por la viuda, por la voluntad del fallecido, por un pueblo respetuoso y por la gente del toro, que de nuevo volvió a dar una lección de comportamiento y de cómo se debe honrar a las víctimas.

Debe ser muy difícil ser alcalde en situaciones así y no esconder la cabeza debajo del ala. Bien está que a nuestros políticos se les reconozca con justicia cuando se apartan del lamentable modelo general para tomar decisiones poco satisfactorias y al tiempo comprometidas con la tauromaquia. Mis respetos y admiración para don Mario García, alcalde de Nules.

 

 

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