Opinión
Por Covadonga Sáiz 24 de agosto del 2013 - 00:02

La inocencia del aficionado

A toro pasado me he enterado (Dios, que inocente soy) del problema por el que presumiblemente la ganadería de Fuente Ymbro está atravesando una crisis que parece ser la causa de que las últimas corridas lidiadas no hayan embestido. Y el caso es que esta mañana, entrevistando a Ricardo Gallardo, titular de este hierro, en el hotel Indautxu, he percibido en él un sospechoso convencimiento de que la corrida de hoy no iba a embestir.

Sinceramente lo he interpretado como un mal augurio, avalado por la mala racha de las últimas comparecencias en plazas de primera y porque el juego de los toros de Jandilla de la víspera ponían el pabellón demasiado alto como para ser superado. Vamos, que no le he cogido yo el punto esta mañana al señor Gallardo cuando hablaba de su escepticismo de esta tarde, o no lo he sabido captar.

Cual es mi sorpresa, cuando al hablar con Federico Arnás en el palco de periodistas, me informa del grave problema que acucia a Fuente Ymbro, el de una enfermedad que ha atacado a los animales tras el cambio de los piensos,dañando el hígado de los toros y provocando en ellos reacciones muy extrañas. El ganadero debió de hacer alguna declaración al respecto de esta sospecha hace unas semanas y a mí , al desconocer esta circunstancia, se me ha ido esta mañana la pregunta del millón: ¿Por qué se embarca una corrida para una plaza de primera si uno está convencido de que no va a embestir? ¡¡¡Inocente!!! ¿O quizás habría que preguntárselo a la Junta Administrativa?

El caso es que yo he disfrutado esta mañana de una interesantísima conversación con este ganadero al que sí es cierto que he notado nervioso, pero lo aduje a los nervios por el compromiso que supone venir a una plaza como esta, tan torista, tan exigente, tan de primera. ¿Es de plaza de primera permitir que se desembarque una corrida enferma? Mire usted, cuando yo me ponía malita de pequeña, no iba al colegio hasta que no se me pasase la fiebre y a mis hijos, si se ponen enfermos, no les llevo a clase hasta que no están en condiciones de asumir sus obligaciones. Entiendo que el toro bravo es un misterio pero si de antemano se sospecha que el problema es gordo, uno debe de ser responsable y cogerse la baja. Traer una corrida con la sospecha de que no va a dar juego porque el cambio de piensos les ha "intoxicado", es como pensar que uno puede ir a currar con gastrointeritis. Pues igual puede ir, pero muy malamente.

Dicho esto, me parece que es una falta de respeto al aficionado, inocente aficionado, que desconociendo esta circunstancia, paga una entrada por ver un mano a mano de gran interés, que a priori se revelaba como el enfrentamiento más interesante de la Semana Grande. Pero claro, a lo mejor sonaba la flauta y los toros enfermos podían embestir gracias a los toreros, que lo han intentado todo dicho sea de paso,  pero no ha sido así y esta inocente, que ayer terminó su colaboración en este espacio anunciando que hoy habría mucho que contar, se ha quedado con cara de pánfila.

Bueno, pues ante  los toros de Fuente Ymbro, corrida magníficamente presentada, muy rematada de hechuras, con caras bonitas, pero escaso juego, con comportamiento de mansos la mayoría, Perera y Fandiño han hecho lo que han podido. Por fin asomó en la presidencia el pañuelo verde para devolver al 4º de la tarde por inválido, gesto que debería haberse repetido días atrás con más de un ejemplar que no pasaba el corte por presentación.

El quinto fue el único animal noble del encierro de Gallardo y con él, Perera estuvo extraordinario, maduro, con una inmensa capacidad, rozando la perfección en algunos momentos de la faena, muy sólida, bien construida, bellísima al natural... pero sigo teniendo esa sensación que quizás me la da mi condición femenina, de que el extremeño no termina de creerse lo que hace. Puede que sea su temperamento seco y rígido pero toreando como lo hizo, me quedé con ganas de más. El fallo, en la espada. EN cualquier caso, actuación sobresaliente.

Iván Fandiño pudo empatar a orejas con su oponente con el primer de la tarde al que hizo faena de mucha hondura, pasándose los pitones por la taleguilla, con mucha determinación. La faena fue de oreja pero el mal uso del descabello se la arrebató.

Por lo demás, poco se ha podido contar. La disposición de los toreros está fuera de lugar. Se han visto quites por gaoneras, tafalleras, chicuelinas y una media verónica de Fandiño, de cartel. Voluntad no les ha faltado pero a la corrida le ha faltado el ritmo que impone la bravura y la casta. Claro que de donde no hay no se puede sacar. Al finalizar el festejo, solo me venía una idea a la mente... que feo es jugar con la inocencia del aficionado.

 

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