Opinión
Por Mariano Aliaga 22 de agosto del 2013 - 20:56

El pan nuestro de cada día

En breve el nuevo Papa cumplirá medio año como líder de devotos y creyentes con fe ciega en una religión pero con dudas sobre la Iglesia actual inmovilista, con velocidad distinta al desarrollo de la sociedad, a los nuevos tiempos. Muchos se acercan al catolicismo pero se alejan de las iglesias. Tan palpable es la duda que el Santo Padre vino a decir en uno de sus discursos que no se puede entender el catolicismo sin la Iglesia.

El toreo anda por similar camino, pero sin Papa porque no hay cabeza visible ni lengua dialogante que sentencie doctrina, un dirigente como interlocutor válido ante todos los organismos que marque los caminos de la evolución. La afición existe y es numerosa, con fe en ferias y carteles, pero no acude en aluvión a los templos del toreo. Las primeras corridas en Bilbao apenas un cuarto de plaza, media plaza, tres cuartos en el mano a mano y medio aforo el miércoles. Por fortuna, pero más por esfuerzo, el resultado artístico está siendo superior, con los argumentos del buen inicio de Bolivar, Escribano y Pinar, el mando julista con bastón a golpes de raza, la torería de Enrique Ponce con poso añejo inagotable, más el poder perfecto de Perera. Un sobresalto por Jiménez Fortes y el nubarrón del duelo completan lo más destacable de media feria marcada por el toro en su expresión pura, pero ni eso mismo sirve de pregón para acudir en masa a la plaza.

Y no es Bilbao un hecho aislado, desgraciadamente la falta de público está siendo el pan nuestro de cada día, porque al igual que la Iglesia, el mundo del toro continúa cerrado a evolución, parado en ancestros, manejado por los mismos, aquellos a los que no aprietan necesidades de bolsillo y poco parece importar la decadencia. Incluso coinciden en soportar el grupo de antis muy en minoría, sin que nadie ponga freno en el descenso, nadie se impone para adoctrinar con una expresión como: "No se entiende la afición sin acudir a las plazas" más que con palabras con hechos de evolución, dando motivos para ello.

Modernizar el espectáculo no es arrebatarle la liturgia ni reescribir la Biblia de la tradición, es simplemente adaptarlo a los momentos económicos y sociales con mayor comodidad, servicios de valor añadido y recuperar la verdad allí donde se perdió para reinsertar la base de la emoción. Nada que inventar, solamente imitar la evolución de otros espectáculos y aprovechar nuestra ventaja con la vida expuesta en directo. Hay crisis, sí, pero los grandes estadios se llenan y faltan entradas en las grandes producciones musicales, como ejemplos cercanos.

El toreo necesita cabeza visible Reconocido nuestro derecho cultural sigamos ejemplos de academias de otras artes más allá de mesas y grupos de figuras, necesarios pero insuficientes. Aprendamos la lección, una vez más, de los jóvenes vírgenes de intereses que con sus asociaciones están removiendo el espíritu en las bases con la soledad de los inicios y la complicidad a impulsos de algunos empresarios y toreros, con pocos medios y muchas ganas. Aprovechemos su corriente creada para nadar en el intento o dejémonos flotar a la deriva.

 

Mariano Aliaga

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