Opinión
Por Carlos Bueno 16 de julio del 2013 - 16:16

Tras la sólida Pamplona, la endeble Valencia

Terminó San Fermín, la fiesta del riesgo. Ese es su ingrediente fundamental. El encierro no sería lo mismo sin sus imponentes toracos. Ni siquiera habría encierro si por las calles no rondase una muerte con trapío y cornalona. Que prueben si no a soltar toritos light y verán que pronto se acaba todo aquello que promocionó Hemingway. Animal grande y con muchos pitones; dos pero largos y afilados. Miedo, adrenalina, peligro, verdad... Ese es el secreto del éxito. Desde la Cuesta de Santo Domingo hasta la entrada a la plaza no cabe un alfiler. Que prueben a bajar la presentación del toro, que prueben y todo se irá al traste.

San Fermín es la fiesta más conocida del mundo, la de la calle, que no la de la plaza a pesar de que se llena a diario. El encierro es líder de audiencia en el Canal Internacional de Televisión Española. Hay programación exclusiva, enviados especiales de todas las cadenas, tertulias, charlas... Invitados de toda índole opinan, sentencian, dogmatizan, visionan, predicen, conjuran... Un día fue uno en representación de no sé qué asociación para la defensa del toro en la calle. ¡Craso error! Hay que defender la fiesta en general, la del toro, en la calle o en la plaza. Mejor dicho, en la calle y en la plaza. Todos deben ir de la mano porque todos quieren lo mismo: verdad ante un toro de verdad (y el que no lo quiera que se apee, que está molestando). La gente de la plaza ha solido ir por libre, y ahora, les guste o no, necesitan el apoyo de los de la calle más que nunca.

Porque en la calle la fiesta goza de buena salud. Que pruebe un ayuntamiento de Esquerra Republicana de Catalunya a quitar "els correbous" de su municipio, que pruebe y verá como su reelección pasa a ser pura utopía. Por eso los respetan. Sin embargo, con la mal llamada Fiesta Nacional, la de la plaza, los políticos juegan a su antojo y conveniencia. Falta unión, falta fortaleza, falta vitalidad. Y no sé yo si en el albero también falta una "miajita" de sensación de riesgo que sacuda la monotonía que demasiadas veces inunda las plazas. Quizá así los héroes de luces pasarían a ser superhéroes y su reclamo sería más sólido.

Terminó San Fermín, la fiesta del encierro, la que se defiende por sí sola con toracos impresionantes. Las televisiones observaron y estudiaron al detalle cada carrera, cada gesto, cada mirada, cada sobresalto. Se analizó a los miles de corredores que pululaban alrededor de una muerte con trapío y cornalona, pero casi nada dijeron después de lo que unas horas más tarde fueron capaces de hacer tres individuos que se quedaban quietos con un trapo en la mano frente a la misma muerte cornalona y ante unos tendidos a rebosar ¿?

Y tras el "pobre de mí" de Pamplona llegará la Feria de Julio de Valencia, la feria de las ferias, la más antigua de cuantas existen, la que antaño más brilló, la que fuere la más importante del orbe taurino. Sí, eso fue otrora, en tiempos en los que el toro tenía mucha más importancia. Ahora, por demasiadas razones que harían interminable este artículo, la gente acude al reclamo de los toreros y no de los hierros que se anuncian, pero acude en menor número que en tiempos pasados. Si nadie lo remedia la Feria de Julio está condenada a convertirse en algún festejo testimonial y poco más. Después llegarán las lamentaciones, como siempre demasiado tarde. ¿La solución? Dicen que es muy complicada; y seguramente lo será.

Hace unos días escuché un lema que decía algo así como que "lo difícil se consigue y lo imposible se intenta". Este año la Feria de Julio de Valencia posee ciertos alicientes que pretenden devolverle parte del interés que siempre despertó el ciclo valenciano. Es cuestión de que todos arrimen el hombro, los que defienden la Fiesta en la plaza y en la calle, los que creen en la Fiesta del Toro, los que piensan que siempre hay que intentarlo. Quizá un encierro por las calles de Valencia ayudase a animar el cotarro (también sé que es muy complicado, pero... lo difícil se consigue).

Carlos Bueno

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