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Por Leo Cortijo/www.porelpitonderecho.com 26 de agosto del 2013 - 23:48
CUENCA, CRÓNICA

Juan del Álamo da un golpe sobre la mesa

Ésta se había anunciado como la Corrida Monstruo. La Real Academia Española define monstruo, -en su mejor acepción-, como "cosa excesivamente grande o extraordinaria en cualquier línea". Pues vaya que si cumplió la corrida estrella de San Julián con dicha acepción. Y lo hizo, fundamentalmente, gracias a un torero que quiere ser figura, y que lleva camino de serlo. Fue el auténtico monstruo de una corrida que forma ya parte de la historia de la plaza conquense. Dos faenas como dos templos, bordando el toreo fundamental y cortando cuatro orejas más que merecidas. Prosiguió su gran racha de agosto Enrique Ponce, que también salió a hombros después de derrochar maestría y sapiencia. A El Juli se le cerró la puerta del triunfo tras darse de bruces con su segundo, un toro imposible. Y Manzanares... Manzanares anduvo mal, apático y sin encontrarse consigo mismo en toda la tarde, le pesó la reaparición y no tuvo su mejor tarde. Buena corrida de Daniel Ruiz, a la altura de lo que se esperaba de una tarde-noche como la vivida ayer en Cuenca. La gente salió dando palmas con las orejas, ya para entonces nadie se acordaba de la tormenta tremenda que nos hizo temer lo peor.

A por todas vino Juan del Álamo desde el principio, y a por todas recibió con un farol de rodillas a su primero para lancearlo bien a la verónica. Aseada la cuadrilla del mirobrigense con los rehiletes, máxime con las condiciones del ruedo, aunque con lo que cayó fue un milagro como quedó. Tras brindar al público inició su labor genuflexo para llevar el toro a los medios. A partir de ahí, comenzó el lío (vol. 1). Faena tremenda de Juan del Álamo por ambos pitones. Despaciosidad, largura y mando del torero salmantino con un buen toro de Daniel Ruiz. Exprimió a la perfección el sensacional pitón izquierdo del burel, bordando por momentos el toreo al natural. No dejó ahí la cosa, pues también lo probó por el derecho y los derechazos fueron para enmarcar. Qué concepto tiene este torero y qué bien lo sabe aprovechar. Con unas manoletinas muy ceñidas acabó la faena, para entonces la plaza ya estaba patas arriba. Se tiró a matar con todo, y aunque no fue el mejor espadazo de su corta trayectoria como matador, le sirvió para desorejar a su primer antagonista.

Vamos con el lío (vol. 2): Lechón hundió los pitones en la arena y se lesionó, por lo que el presidente, -muy acertadamente-, lo devolvió a los corrales. En su lugar salió al ruedo Alcahuete. ¡Ozú, vaya toro! Hubo una petición incluso de indulto, pero todo quedó en vuelta al ruedo (lo más coherente y lo más lógico). Muy bien Del Álamo en el saludo capoteril, culminado con tres chicuelinas y una media de cartel en el quite. Para entonces, por méritos propios ya tenía a la gente en el bolsillo. Estuvo en todo el joven torero, hasta en brindar el toro a El Juli. Templadísimas series con la diestra, llevándolo siempre cosido en la franela, con la muleta siempre puesta en la carita del animal, enganchándolo y llevándolo. Parar, mandar y templar. Por ahí se cimentó el triunfo, por el pitón derecho. Lo intentó también al natural, y el toro, enclasado, con el hocico besando la arena, los tomaba, pero sin el punto extraordinario del derecho. El final de faena, mejor imposible... Toreo por bajo del caro. Otra vez la plaza patas arriba. Y otra vez, un golpe sobre la mesa. Ahí está Juan del Álamo.

Molestó el viento a Ponce en el aseado inicio de trasteo a su primero, tras una vara trasera del picador. Un viento que hacía presagiar el tormentón que se nos vino encima en el segundo de la tarde. Lo fundamentó todo el del Chiva por el pitón izquierdo,  entre los truenos que asombraban a los tendidos. Sensacional serie con la mano izquierda, con la sapiencia y la torería que le caracteriza. Un toro que a priori tenía poquitos muletazos, Ponce lo acabó metiendo en el canasto. Qué mes de agosto está cuajando el valenciano. Ese magisterio poncista, sacando naturales de notable trazo, le supuso pasear una oreja.

Lanceó bien Ponce a la verónica al 5º, -el de la merienda se retrasó un turno-, por lo que tímidamente se ovacionó un buen quite por delantales del valenciano. Qué susto cuando Emilio Fernández tomo el olivo y el toro derrotó y a punto estuvo de cogerlo. Afortunadamente no pasó nada. Desoyendo el refranero, el 5º sí fue malo, un toro reservón y tardo que no transmitió nada al tendido. Menudo mérito tuvo el torero de robar tres muletazos hilados a un toro así, y es que se empeñó Ponce en hacer faena de un toro que no la tenía. Desclasado, protestó cada muletazo del de Chiva, pero éste se erigió en maestro, convenció al respetable y le valió para abrir la puerta grande con todo mérito.

No tuvo suerte El Juli en el sorteo, pues la puerta grande se le cerró a cal y canto tras un segundo antagonista imposible. El madrileño no pudo sacar nada positivo del 6º, un toro muy justo de fuerza que no se empleó en absoluto. Todo quedó en el cariño del público que le obligó a saludar una ovación. Antes, en su primero, y bajo la tormenta inicial, El Juli trató siempre de llevar al toro por arriba, cuidándolo, para que el de Daniel Ruiz no perdiese las manos, pero ni por esas. Dejó un natural de cartel en una serie por el izquierdo de toreo del caro. Templada faena por el derecho, con otras dos buenas tandas. Faena de poder de El Juli, venido arriba por la gallardía y el arrojo de torear bajo el manto de agua. Quiso cerrar su labor con manoletinas, pero el noble toro albaceteño dijo que hasta aquí, y no tragó más. Oreja de ley la que paseó el madrileño. Nota al margen: qué desfachatez y qué poco respeto aquellos que gritan cuando el diestro se va a tirar a matar. Para corregirlo, pero bien corregido.

José María Manzanares protagonizó dos faenas calcadas. La segunda pareció la repetición de la primera, o al revés, como ustedes quieran. Hasta en el fallo con el descabello, con el que se eternizó en ambos toros. Se fue de vacío de Cuenca, una Cuenca que le mostró su cariño en sendas ovaciones, pero el alicantino se mostró apático, alejado... no estuvo centrado por momentos en la tarde. Después de la tormenta viene la calma, y con él salió el sol en el que hacía el 3º de la Monstruo. Dos series por el derecho sin cargar la suerte, templando la noble embestida del animal, un toro con fijeza que se dejó. Otras dos por el izquierdo, con la figura encajada y con media muleta arrastrando, pero en su concepto. Con la diestra comenzó instrumentando Manzanares su labor al segundo de su lote, otra vez, puso en práctica su toreo, el que lleva por santo y seña, toreo al hilo del pitón y descargando la suerte. No obstante, conectó con un público muy predispuesto con el toreo del alicantino.

Ficha del festejo:

3ª de la Feria de San Julián. Corrida Monstruo. El festejo comenzó con 35 minutos de retraso por la lluvia caída. Casi lleno en los tendidos en tarde fría, nublada y con lluvia. Se han lidiado ocho toros de la ganadería de Daniel Ruiz, uno de ellos como sobrero (8ºbis), bien presentados, de buen juego en líneas generales. Destacaron 3º, 4º, 7º y 8ºbis (al que se le dio la vuelta al ruedo). 1º y 2º se dejaron. 5º y 6º fueron pitados en el arrastre.

Enrique Ponce (grana y oro): Estocada (oreja) y estocada –aviso- (oreja).

El Juli (grana y oro): Caída tras pinchazo (oreja) y pinchazo hondo tras pinchazo y un descabello (ovación).

José Mª Manzanares (nazareno y oro): Tendida, cuatro descabellos –aviso- (ovación) y estocada tras pinchazo –aviso- cuatro descabellos (ovación).

Juan del Álamo (purísima y oro): Media delantera (dos orejas) y estocada (dos orejas).

El mayoral de la ganadería salió a hombros.

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