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Por Alcolea 25 de agosto del 2013 - 22:28
COLMENAR VIEJO

Alberto Aguilar en la senda

No es extraño que en una corrida en la que actúen Javier Castaño o Alberto Aguilar, en los exteriores del ruedo, a la finalización de ésta los aficionados afirmen que su entrada fue compensada con el mero hecho de ver la actuación de la cuadrilla del primero o la disposición del segundo, hoy se repitieron las mismas afirmaciones.

En la segunda del abono de la Feria de Los Remedios, con media entrada en los tendidos, se lidió un encierro compuesto por tres toros del hierro de Don Aurelio Hernando y tres de Doña Carmen Segovia, de intachable presencia,  faltos de fondo en general, mirones y peligrosos tercero y sexto.

El salmantino Javier Castaño abrió plaza con un cuatreño de capa melocotón de excepcionales hechuras para el coso colmenareño.  Lo cuidó mucho el matador en varas ante la escasez de fuerzas, por contra, su cuadrilla llevó a cabo lo que viene siendo la cátedra de los palitroques en todos los cosos nacionales e internacionales, pares de excelente colocación y ejecución, destacable igualmente la impecable brega de Marco Galán. Ya en la muleta el burel por el izquierdo decía que nones, por lo que hubo de basar su actuación Javier Castaño sobre la mano diestra, donde pudo robarle dos tandas aclamadas por el respetable que hicieron arrancar la música. Mató de estocada entera algo trasera y descabello, recibiendo como premio unas tibias palmas que anunciaban que la tarde aún tardaría en coger vuelo. Su segundo  no permitió lucimiento con el capote, por lo que tuvo Castaño que hacer alarde de su solvencia para someter al astado y sacarlo de dentro a fuera obligándole a bajar el hocico a tierra. Tampoco es nuevo que Tito Sandoval de la vuelta a un coso, pero si a que es un extraordinario jinete añadimos la rabia y la casta de sobreponerse a un susto ya se forma la marimorena. El de Carmen Segovia empujó en varas obligando al penco a perder las manos y caer al piso de plaza, aunque con gestos de haber sido dañado en uno de sus brazos, el extraordinario picador echó de nuevo el pie al estribo para levantar la vara y arrear un segundo puyazo ni más ni menos que en su sitio. Ovación de gala al del castoreño, la misma que obligó a desmonterarse de nuevo a la cuadrilla en banderillas.

Brindó al público el salmantino pero poco pudo hacer ante un animal que se venía abajo por momentos, todo tuvo que hacerlo el matador topándose con la descastada respuesta de su oponente. Marró en aceros por lo que tuvo que contentarse con unas pocas palmas del tendido.

Alberto Aguilar hacía el paseíllo con el recuerdo reciente del mamut que le tocó en suerte ayer en el coso bilbaíno. Nueva lección de torería, casta y elegancia. El primero de su lote, un negro mulato con un pitón derecho importante, protagonizó un peligroso tercio de banderillas, llegando incluso a alcanzar en el segundo par a Lucas López, afortunadamente sin consecuencias, parecía querer besar el cielo colmenareño, echando la cara arriba y cortando sobremanera. Se lo pasó muy cerca el de blanco y plata en un quite por chicuelinas ajustadísimas, tanto que hasta el burel dejó en el capote del madrileño un par de costuras para entretenimiento del mozo de espadas. En la muleta empezó de la misma forma, pero la cátedra de Aguilar en forma de franela le enseñó pronto a embestir por donde se debe y a tomarla como el matador quería, supo entenderlo, someterlo y templarlo por sendos pitones, culminando la faena de estoconazo efectivo que le valió el único apéndice de la tarde.

Pudo tomar otro camino muy distinto la larga faena ejecutada al quinto de orden de lidia, un jabonero que exigía una faena inteligente y que Alberto Aguilar supo proporcionarle. Muletazos sueltos, de uno en uno, cruzado y asentado, echando la muleta al hocico como se debe de echar, con dulzura. Naturales soberbios por el pitón izquierdo. Marró con la espada lo que pudo ser sin duda la llave de la puerta grande, escuchó dos avisos y saludó desde el tercio una fuerte ovación.

Cerraba el cartel el local Juan Carlos Rey, que aunque dispuesto y valiente, topó con el peor lote de la tarde. En su primero protagonizó un susto al tener que saltar al callejón en el saludo capotero para evitar la cogida, ya que el de Carmen Segovia le apretó sobremanera, llegando a lanzarle el capote por los aires. Desde su salida por chiqueros el burel hacía cosas extrañas por el pitón izquierdo y aunque el torero local lo intentó por sendos pitones, el cuatreño se quedaba y no pasaba ni un sólo muletazo. Mató de estocada y dos descabellos siendo premiada su disposición con palmas de sus paisanos.

Cerró la tarde un burel de idénticas condiciones, descastado, soso, carente de todo salvo de trapío. Mirón el astado y valiente el joven matador que lo intentó de todas las formas posibles con el fin de agradar al respetable. No pudo más que propinar una estocada de perfecta ejecución a su oponente para cerrar la tarde, que no fue precisamente la que él deseaba.

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