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Por Covadonga Saiz 23 de agosto del 2013 - 10:23

A 3 metros sobre el cielo

Es el título de una novela con la que el italiano Federico Moccia conquistó hace un par de años los corazones de millones de veinteañeras de todo el mundo. A 3 metros sobre el cielo es un lema que se saca de la manga el protagonista de la obra y viene a  describir la forma en que uno se siente cuando se evade del mundo y está por encima de muchos aspectos terrenales, una manera de sentirse fuera del espacio en el que la vida transcurre y por unos instantes el ser humano se encuentra ajeno a todo y puede incluso hacer realidad el sueño de volar de tan absorto que encuentra. Llevado a la vida real y sin tanta poesía de por medio, A 3 metros sobre el cielo es sentirse en plenitud porque la vida te regala algo inesperado que hace que uno se sienta sencillamente...vivo y en muchas ocasiones en otra dimensión.

Así , en plenitud, es como supongo que se sentirá Iván Fandiño, al margen del cabreo interno que pueda tener por no haber logrado abrir la Puerta Grande de Vista Alegre después de ser protagonista de una tarde para el recuerdo. Faena de mando, poder y autoridad en la que el de Orduña se impuso con esa tauromaquia sobria pero intensa, la de la pierna, el pecho y el corazón por delante. Iván se olvidó del cuerpo y se entregó con el alma, lo que caló profundamente en los tendidos. Los mejores muletazos de la Semana Grande se los sacó Fandiño a un toro encastado al que había que sujetar y aguantar a fuerza de valor. Soberbio. La seguridad y confianza que nuestro torero transmite en el ruedo es apabullante, pero no es gratuita, procede del carácter y de una forma de vida realmente sacrificada, ajena a lo terrenal, espartana, monacal. Ayer Iván Fandiño aceleró el ritmo de muchos corazones y lo importante es que consiguió transmitirlo porque su mensaje llegó a cada rincón de los tendidos sin artificios, sin concesiones, sin adornos... Porque el de Orduña está en un momento de plenitud, como el protagonista de A 3 metros sobre el cielo, ajeno a los placeres de la vida que podría permitirse y centrado únicamente en eso que le hace sentir vivo, su toreo. La petición de la segunda oreja fue clamorosa, escalofriante, como un rugido. Y de nuevo la presidencia, en su línea. E inevitablemente y aun odiando las comparaciones, uno piensa en la faena por la que concedió las dos orejas Matías hace 3 días y una rabia contenida nos atenaza por dentro ante una gran injusticia.

Posiblemente Iván estará en este momento recluido en sus pensamientos, fiel a su estilo de vida, la del recogimiento, la concentración y con un solo objetivo in mente, el de seguir creciendo para alcanzar aquello con lo que lleva soñando desde hace más de 15 años, abrir la Puerta Grande de su plaza. Será mañana. Puede que incluso se levante antes de lo habitual para entrenar y seguir ensimismado, a sabiendas de que está muy por encima del resto de sus compañeros que ejercen de figuras cuando algunos no han puesto jamás las piernas por delante para embarcar una embestida como lo hace el torero vasco. Fandiño está a 3 metros sobre el cielo porque en la búsqueda de esa plenitud, le importa un pimiento lo que suceda alrededor, lo que hagan los demás, lo que diga la presidencia, aunque le reviente no haber logrado conmover a quien él considera un gran aficionado. Pero es que Iván Fandiño está muy por encima de todo eso...porque está 3 metros sobre el cielo, centrado en lo que le hace sentirse vivo.

Cargados de energía hemos salido de Vista Alegre esta tarde tras una corrida de Jandilla realmente exigente, imponente de presentación, musculados y encastados. Ha sido tarde de mucha emoción. Juan del Álamo ha superado con nota y muy dignamente la prueba de sustituir a Morante que ocupaba un asiento en uno de los palcos de la plaza. Del Álamo le brindó el primero de su lote al maestro de la Puebla y se hizo con el Jandilla con mando y decisión.

El que no tuvo su tarde fue Juan José Padilla que tiró de recursos en banderillas pero no llegó a centrarse con la muleta. Una pena.

Mañana, mano a mano de esos que vulgarmente se definen con la expresión "a cara de perro". Si es así, que Dios nos coja confesados porque si los toros ayudan habrá mucho que contar...

Covadonga Saiz

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