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Por Álvaro Acevedo 21 de agosto del 2013 - 21:38
MÁLAGA.- CRÓNICA

Triunfos y recuerdos

La raza, que como la sangre, se lleva en las venas, fue la que sacó a hombros a Padilla, un hombre al que los entendidos vuelven, pasado el luto, a hacerle ascos. Da lo mismo porque el Ciclón se gana el favor del pueblo siempre que tenga enfrente un toro como él: un toro con raza, con carbón, y no como su primero, noble y tullido, al que le pegaba voces como el padre que le riñe al niño. Pero el cuarto "jandilla" fue otro cantar: fuerte y con velocidad, engallado, salió pidiendo explicaciones y Juanjo le pegó una larga en el tercio de las de aquí estoy yo antes de completar un tercio de banderillas pleno de dominio y conocimiento de los terrenos. Luego brindó a Ferrera –de héroe a héroe –y comenzó la pugna de rodillas por alto, paralelo a las tablas, para así sacar el toro a los medios y coger la izquierda, que era el lado malo. Pero a Padilla no le importó: aguantó los primeros envites con valentía, y ya en redondo, con el toro empujando por fuera y con recorrido, toreó vibrante, entregado, quieto, ligado... en tandas de hasta seis y el de pecho que despertaron clamores. Volvió a la carga otra vez por naturales, y el toro le pegó una colada de escalofrío que no le hizo arrugarse. Unos molinetes de rodillas epilogaron su trepidante lucha, y una estocada que tiró al toro patas arriba, firmó la sentencia triunfal. Dos orejas y el pirata, a hombros de la marabunta.

El Juli, como un niño enrabietado, salió a por todas frente al quinto, que hizo mucho hilo y se quedó cortó. Ya antes le había cortado la oreja a un camión con pelos en una faena inventada, porque el mastodonte de Domingo Hernández que salió en segundo turno no tuvo celo ni bravura. Con semejante elemento El Juli fue capaz de construir una faena de prestidigitador, embebiendo al enemigo en su muleta aún desconozco de qué manera. Lo del quinto fue distinto: salió muy atacado y le vi rápido como un novillero, pero también con la misma y brutal hambre. Así las cosas, la última parte de la faena fue de avasallar al toro, de jugarse la cornada en cada pase, de arrimarse como un demonio ante un público que no daba crédito. El fallo a espadas le privó del doble trofeo, y quizá hoy no duerma del disgusto.

La raza de estos dos hombres sin piedad tuvo en Talavante el contrapunto de toreo caro, aunque el fallo a espadas lo dejara sin premio tangible. A mí me encantó porque, hoy, fue el que toreó bien de verdad. En media docena de muletazos de caricia al muy blando tercer toro, y en una faena de categoría al buen sexto. Alejandro recuperó el tacto, la muleta viajó templada, el cuerpo acompañó con clase y la muñeca abrió el vuelo suave, sin que aquello pareciera un látigo, y sí una seda. Notable en redondos profundos y mágico en un puñado de naturales excelsos. Que al final será lo que se recuerde, la verdad.

Ficha del festejo:

Málaga. Casi tres cuartos de entrada. 2 toros de Jandilla (1º y 4º); 2 de Domingo Hernández (2º y 5º); y 2 de Zalduendo. Destacaron 4º y 6º.

Juan José Padilla, saludos y dos orejas. Salió a hombros.

El Juli, oreja y oreja.

Alejandro Talavante, silencio y ovación.

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