Inicio
Por Carlos Bueno 21 de agosto del 2013 - 10:43

Toreros como Induráin

La llegada de las primeras tormentas; los últimos calores; los innumerables carteles de "la vuelta al cole" con los que pequeños comercios y grandes almacenes nos bombardean; el inicio de la liga de fútbol y con ella la reanudación del martilleo de trascendentales noticias sobre Ronaldos, Mesis y demás fauna pelotera, son signos inequívocos de que el final del verano se acerca. Pronto las vacaciones se acabarán. Los más afortunados regresarán a su trabajo. Otros, demasiados, seguirán peleando por encontrar ocupación. Para todos la "readaptación a la normalidad" será áspera.

Entretanto contamos las postreras jornadas de agosto cual presos que marcan el paso del tiempo con muescas en las paredes de sus celdas. Los días se acortan y además cualquier inclemencia parece jugar en contra nuestra: mal si llueve y mal si sigue el bochorno. ¡Y decían que este año no íbamos a tener un verano caluroso! Estamos más irascibles; el mínimo contratiempo nos molesta especialmente. Y yo pienso en los toreros. ¡Qué dureza! Cuanto más calor hace más festejos se celebran. Acaba un nutrido agosto y comienza un septiembre todavía más cuantitativo, sin descanso, sin readaptación. A ellos no les vale la excusa del síndrome postvacacional. La severidad del toreo no radica sólo en el enfrentamiento con el toro, sino en el trasiego de viajes interminables día tras día, con el trastorno digestivo que muchas veces conllevan, y en el tener que soportar temperaturas inhumanas enfundados en un atuendo no apto para calurosos.

Los toros tienen mucho en común con el ciclismo (quien dijo que las bicicletas son para el verano no sabía lo que era subir el Angliru un domingo de agosto a las cinco de la tarde). La temporada taurina y la ciclista se solapan. Los esforzados titanes de la ruta afrontan la Vuelta a España en el epílogo del verano, después de un trepidante Giro de Italia y de un infernal Tour de Francia, amén de incontables carreras que salpican el calendario de principio a fin de campaña. En las diferentes vueltas hay jornadas llanas, de media montaña y otras con puertos de categoría especial. Hay ciclistas que ganan etapas antológicas y al día siguiente pierden una minutada. Sólo unos pocos elegidos son capaces de hacerse con la clasificación final. Son los más fuertes, las figuras.

En el toreo también hay plazas más "livianas", cual etapas llanas, otras más exigentes, incluso hay cosos que bien podríamos catalogar de puertos de primerísima categoría. Así, después de Valencia, Sevilla, Madrid, Pamplona... a los toreros les toca subir las duras cuestas de Bilbao, y luego Zaragoza, y entretanto afrontar incontables "jornadas de media montaña" que muchas veces se tornan tan duras como las peores.

Por eso siempre he valorado sobremanera a los toreros capaces de aguantar la temporada completa tirando del carro, a quienes programan el año dando la cara en todas las plazas de importancia porque eso es un ejercicio de ambición profesional y de fondo personal. Tener la posibilidad de torear en los cosos de primera y no hacerlo es falta responsabilidad con la tauromaquia. Es como si Induráin hubiese pretendido disputar sólo las etapas del Tour que mejor se adaptaban a sus cualidades y no tomar parte en las menos propicias. Todo lo contrario, cada vez que participaba lo daba todo desde el prólogo hasta los Campos Elíseos. Sí, yo era de Induráin porque era el más fuerte, la figura que aguantaba de principio a fin (como algunos toreros comprometidos). Y a mí a punto de acabárseme las vacaciones. ¡Qué dureza!

Carlos Bueno

Apartado de Correos 262
CP: 37080 (Salamanca)
Email: redaccion@burladero.com
Tel. Redacción: 911 412 917 ext. 1
Tel. Administración: 911 412 917 ext.2
Fax: 91 141 21 33
Publicidad: publicidad@burladero.com
Powered by