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Por Álvaro Acevedo 21 de agosto del 2013 - 00:52
MÁLAGA.- Crónica

Toreo y numeritos

La tarde navegó entre la hombría y el absurdo, entre el toreo y el numerito, entre la verdad y el teatro. Y los responsables de tanta seriedad y, a la vez, de tanta sobreactuación, resulta que fueron los mismos señores. Me da rabia tener que reseñar la parte grotesca del festejo porque Antonio Ferrera y Javier Castaño hicieron el paseo con las cornadas de Gijón frescas, y ahora quizá estén en un hospital recomponiendo los puntos que han saltado tras el esfuerzo. Me da rabia porque Ferrera sorteó todas las dificultades de su primer toro, más reales que aparentes pues, aunque suavón, humillaba poco y se vencía. Me da rabia porque lo entendió de maravilla, ganándole siempre terreno hacia delante, y porque le cortó una oreja de ley. Me da rabia porque no se descompuso jamás frente al tremendo peligro de su segundo, y porque al último de su lote le hizo una faena estupenda, templadísima, con cuatro redondos y un cambio de mano de una cadencia maravillosa, y con un gusto de primor. Me da rabia porque, por momentos, bordó el toreo.

Me da rabia porque Castaño, aunque no este en su mejor momento porque los toreros no son máquinas, hizo una faena de nivel a su segundo oponente, un "victorino" excelente por ambos pitones al que toreó con largura y asentamiento con las dos manos, y porque una última serie de naturales, con los vuelos de la muleta muertos debajo del hocico del toro esperando hasta que se arrancara, fue soberbia de aguante y pulso. Y me da rabia porque sus banderilleros, David Adalid y Fernando Sánchez, pusieron pares tremendos, jugándose el pellejo, y Fernando, además, fue cogido de manera terrible aunque, por fortuna, sin consecuencias.

Me da rabia pero hay que contar lo otro. Y lo otro fue que Ferrera, con el capote, se dedicó toda la tarde a retorcerse y forzar la figura exageradamente buscando unas palmas de los cuatro julais que siempre hay en los tendidos, y que contagian al resto. Y porque invitó a los rehileteros de Castaño a compartir el tercio de banderillas del quinto toro, saltándose así la jerarquía del toreo, que es sagrada. Y porque después, consumados los pares, hubo un abrazo a tres bandas que aquello parecía la celebración de un gol en el último minuto.

Y lo otro fue también que Castaño intentó provocar que uno de los toros se arrancara al caballo... ¡tirándole la montera desde detrás del peto! Y lo otro es que tras su faena al gran cuarto se le ocurrió preguntar al público, a base de gestos, si mataba o no al toro, forzando una petición de indulto absurda porque no partía de la reacción popular, sino del propio torero. Y lo otro es que, en los andares y la parafernalia que se montan los rehileteros del matador salmantino, yo no veo torería sino justo lo contrario porque todo es antinatural, preparado y forzado. Y lo otro es que, en el sexto de la tarde, cogieron estos señores las banderillas y sonó la música para amenizar el tercio, y resulta que estos señores son tan toreros como cualquiera, pero van de plata y no de oro.

Pero resulta que la gente se lo pasó en grande con tanto despropósito porque estamos ante la peor crisis de periodistas y aficionados de la historia del toreo. O, a lo mejor, el que sobro soy yo, que será lo más seguro.

 

Málaga. Casi media entrada. 6 toros de Victorino Martín, desiguales de presencia e interesante y variado juego. Los mejores, el 4º, excelente, y el 5º.

Antonio Ferrera, oreja, ovación y oreja con petición de la segunda.

Javier Castaño, silencio, vuelta al ruedo tras aviso y silencio.

Saludaron en banderillas David Adalid y Fernando Sánchez. Lo bordó con el capote José María Soler. Buenos puyazos de Alberto Sandoval y de Dionisio Grillo.

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