Inicio
Por Víctor Soria / Bilbao 18 de agosto del 2013 - 20:36
BILBAO.- Crónica

La quinta marcha

La corrida de La Quinta derrochó calidad en la arena de Vista Alegre. Salieron varios toros con reseñables virtudes pero, a excepción del magnífico sexto, evidenció una preocupante falta de casta. Eso que se le supone a un hierro del encaste Santa Coloma, la supuesta razón por la cual las figuras no quieren verlos ni en pintura. En realidad, no pasaron de la cuarta marcha, siempre al ralentí, y parecía como si se les gripase el motor. Todo lo contrario del espectáculo ofrecido hace tan sólo unos días en el Bibio donde la hubo a raudales. Disposición incuestionable de la terna, un cartel interesante que no ha defraudado en absluto al exigente aficionado de Bilbao que hoy, por cierto, ha brillado por su asencia. Existe una baraja de toreros jóvenes para que el mundo de la tauromaquia siga en pie, novedades que nos salven del tedio casi diario de los ver siempre a los mismos con idéntico material.

Manuel Escribano refrendó una vez más su posición en el escalafón. Lo importante no es llegar, sino mantenerse y este rubio de Gerena se lo ha tomado al pie de la letra. Gustan sus maneras de pisar el ruedo y, cuando llega la hora de plantarla plana y en la cara, lo hace como el mejor. Estrenaba traje de luces y realizaba el paseíllo desmonterado, para los curiosos. No arrancaba la tarde en condiciones puesto que los torileros tenían una extraña prisa por empezar y no se dieron cuenta de que el matador había solicitado recibir al burel a portagayola. Presto, dispuesto y concentrado , con toreras maneras, iba Escribano a la puerta de chiqueros cuando se encontró al toro de frente. El subalterno tirándose de cabeza al callejón tras hacer el quite a su jefe de filas y el esperpento pasó desapercibido para muchos porque estuvo rápido al enmendarlo con una larga cambiada de rodillas. Pudo ser una tragedia, todo quedó en un ridículo espantoso. Le pegaron muy poco en el caballo vista la falta de fuerzas del animal. Algunos pitos desde el tendido para entrar en calor. Gustó el tercio de banderillas protagonizado por el propio Manuel. La cuadrilla se entretuvo en estrellar al astado dos veces en el burladero, como si no tuvieran otra cosa mejor que hacer. Le vino bien tomar un respiro al santacoloma que tuvo una calidad infinita. Un pitón derecho extraordinario pero le costaba mover el esqueleto hacia adelante. Hubo incluso un momento de la faena en que se tragó un natural larguísimo, un espejismo. Faena templada de Escribano que encandiló al tendido. Ovación tras una estocada caída.

Al cuarto de la tarde, esta vez sí a portagayola desde casi la boca de riego, no hubo manera de merterlo en el capote. Vistoso el galleo por rogerinas con el que llevó al toro al caballo. Se agradece la variedad. Midieron también los dos puyazos por temor al derrumbamiento posterior. Brindó a Joaquín Lora Sangrán que se encontraba en un tendido alto y cayó la montera con tanta precisión en las manos del ganadero que a todos nos hizo pensar por momentos que, con esa puntería, Escribano debe tener la casa llena de Perritos Piloto.  El inicio de faena estuvo cargado de emoción con un cambiado por la espalda aguantando la embestida de un toro que venía como un tren desde las tablas. En la primera serie echó la cara arriba y rápido cambió de mano para continuar adelante. La tanda al natural empezó a coger vuelo de faena importante, el toro tenía recorrido y nobleza; el torero muy rotundo, asentado. Le faltaba un tranco para ser mejor, una pena porque el de Gerena lo hubiera aprovechado. Firme el coleta, el burel a menos. Le sobró una tanda final; acabó por manoletinas. Casi perfilado para consumar la suerte suprema y la banda de música, con una caraja antológica, seguía con el pasodoble. Se tira a matar con todo y rubrica una buena estocada. Oreja de peso.

Saludó al segundo de la tarde Luis Bolívar con tres verónicas de escasa enjundia. No transmitía demasiado el de La Quinta al que también midieron en el castigo de varas. Limpias, medidas y ajustadas chicuelinas de Rubén Pinar en su turno de quites. Saluda Raúl Adrada tras colocar dos pares llenos de valentía, realizando bien la suerte. Inicio en los medios y el toro rompe hacia adelante. El colombiano lo aprovecha a las mila maravillas templando mucho y bien por el pitón derecho. Muletazos en redondo, pulseando y gustánsose, rompía Vista Alegre de nuevo con Bolívar. Por el izquierdo no funcionaba la maquinaria de la misma forma. A pesar de intentarlo en varias ocasiones, no acabó de humillar con la misma brillantez. Suerte que al volver a coger la muleta con la derecha salieron a relucir las virtudes del santacoloma. No pedía tirones, sino todo lo contrarío. Suavidad, mucho temple y olvidarse del cuerpo como decía Juan Belmonte. Bajó la mano, arratrando las telas el matador de Cali. Antes de coger la de verdad quiso poner punto final con unas manoletinas en las que casi resulta prendido por un despiste. Gran estocada que ayudó mucho a la concesión de la oreja. Oreja para un entregado Bolívar.

El quinto fue una prenda, el lunar negro de la tarde. Lo pudo cuajar con el capote, atemperando la embestida con suavidad en el percal. Lucido tercio de varas, el picador se marchó ovacionado por el respetable tras dos encuentros poderosos. Quite por verónicas de Pinar. Complicado de banderillear porque se arrancaba en corto. No había puesto el tercer par el subalterno de la cuadrilla y ya estaba el torero con la ayuda y la muleta de la mano, como quien si tuviera que apagar un fuego. Desde el primer muletazo se quedó muy corto. Reponiendo continuamente, con un molesto tornillazo que no pudo corregir. El matador, curtido en mil batallas con toros mucho peores, no logró meterlo en la canasta. Voluntarioso y valiente, sin lugar a dudas. Estocada tendida. Silencio.

Rubén Pinar llegaba a Bilbao tras estoquear una complicada corrida de Cebada Gago en Tafalla. Un buen entrenamiento, desde luego. Salió con muchos pies y dos puntas por delante el tercero. Lo fija en el capote sin tirones y echó la cara arriba en el primer puyazo. Hasta el momento, el toro más castigado en el caballo. Intenta el quite Escribano pero lo da por imposible. Echó el ancla, definitivamente, en el tercio de banderillas. En el inicio de faena, interpretado por doblones, pierde las manos y se echa como si estuviera en las finas arenas de la playa de Tarifa tomando el sol. Costaba tanto levantarlo que a punto estuvieron de traerle un mojito para que se quedara en el sitio tan relajado. El trasteo fue un continuo querer y no poder. Cara arriba en cada envite sin dar lugar a la emoción. Le faltaba picante, ese que se le presupone a esta sangre. Por el izquierdo más de lo mismo. Faena larga. Pinchazo y estocada. Ovación a la predisposición del de Tobarra.

El sexto fue el mejor toro de la tarde. Hubo ligeras palmas de salida a la presentación de una imponente fachada. Gustó el tranco del animal de bellas hechuras y bien armado. Lo templó Pinar con el capote, ganando terreno, dejando ver las grandes virtudes que desarrollaría más tarde. No quiso pegarle mucho en el caballo, un primer puyazo trasero y un segundo testimonial. Quite de Escribano por armoniosas chicuelinas. Es el propio matador el que desea cuidar al animal y decide ponerlo en suerte para el tercio de banderillas. Le pegó los menos capotazos posibles, favoreciéndole a la larga. Arrancó la faena con la mano derecha y comenzó a hacer el avión para no parar hasta el final. Gran toro con transmisión, casta, movilidad, recorrido, fijeza y calidad en sus embestidas. Relajado Pinar como quien torea de salón, pero dando impotancia a la situación, firmando muletazos de mucho empaque. Asentado de verdad el torero, rematando las series con enormes pases de pecho. Hubo un momento especial en el que la faena rompió del todo; serie emocionante con la derecha de seis muletazos por abajo finalizados con un abrochado molinete y un pase de pecho de pitón a rabo. La gran estocada permitió el triunfo del joven torero. Oreja de mucho peso en una feria de primera.

Ficha del festejo:

Plaza de Toros de Vista Alegre. Segunda de abono del Aste Nagusia. Más de un cuarto de entrada en tarde agradable. Toros de La Quinta de buena presentación y juego desigual. Excelente el sexto.

Manuel Escribano: ovación y oreja.

Luis Bolívar: oreja y silencio.

Rubén Pinar: ovación y oreja.

Saludó en banderillas Raúl Adrada tras parear al segundo de la tarde.

Apartado de Correos 262
CP: 37080 (Salamanca)
Email: redaccion@burladero.com
Tel. Redacción: 911 412 917 ext. 1
Tel. Administración: 911 412 917 ext.2
Fax: 91 141 21 33
Publicidad: publicidad@burladero.com
Powered by