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Por Álvaro Acevedo / El Puerto 18 de agosto del 2013 - 18:29
EL PUERTO.- Crónica

Porque huele a torero


INTERESANTE GOYESCA EN EL PUERTO by Burladero.com

Finito de Córdoba podría haber sido el Manzanares padre de esta época, pero año tras año ha permitido que una rueca de comisionistas lo haya convertido en un Jesulín de Ubrique sin valor, llevándolo de feria en feria y de pueblo en pueblo como si fuese la burra Felipa (es que mi amigo y excelso aficionado Pepe Varona decía que su suegra, llamada Felipa y que en gloria esté, tenía nombre de burra de feria).

Estaba achicharrado pero hoy me he reencontrado con ese Finito que ya decían las buenas y hasta las malas lenguas, desde el pasado invierno, que estaba muy repuestito. Y si en Córdoba me dejó buen sabor, lo de esta tarde en El Puerto ha sido de deleite. Porque en su primero, un sobrero con clase de La Palmosilla, dibujó doce pases de cadencia pura, muy despacio, con esa clase y ese sabor de los elegidos, que hoy por hoy son dos. Sí: éste de Córdoba, y el de la Puebla.  Con ambas manos bordó el toreo en una faena justa y de primor, y que tuvo como adorno sublime una trincherilla de cartel de toros. Al cuarto, que era fijo pero que no quería deslizarse, le tapó la cara y lo llevó largo. Por naturales de uno en uno, pero qué naturales... Y en redondo muy ligado, acompañando con el cuerpo, dejándose ir detrás de la muleta con un embroque de esos que no se olvidan en varios trienios. ¿Que por qué le doy el titular de la crónica? Pues porque, cogido con alfileres, torea mejor que casi todos juntos.

Sebastián Castella está imparable. Valiente, seguro, capaz, técnico, ambicioso y con ilusiones renovadas. Su primero se le rajó, pero al quinto lo sometió en una faena típica de torero en sazón: ligadísima, encontrando toro en todos los terrenos, y emocionando al gentío por la limpieza de sus muletazos y el estatismo de su cuerpo frente a aquella fuerza bruta del enemigo, que no era mi prima, precisamente. Impactó la quietud de Sebastián, y su impavidez y dominio de la situación frente a un toro de gran transmisión. Un estoconazo fulminante le terminó de abrir la Puerta Grande.

Por ella le acompañó Pérez Mota, que volvió a gustar mucho y a ratificar las buenas sensaciones de anteriores comparecencias en esta plaza. Al tercero de la tarde lo toreó a la verónica con mimo y gusto, con el capote muy abierto pero casi sin sacarle los brazos, metiendo los coditos y acompañando con compás. Precioso. Le picaron mucho el toro, que era bueno, pero como el chaval tiene sentido del temple, lo cuidó bien con su tersa muleta en una limpia y bien estructurada faena. Salió a por todas en el sexto y se lió a pegar tandas bien engarzadas y arrastrando la muleta en los medios de la plaza, aprovechando la alegría y fogosidad del toro de Cuvillo. Faena intensa, notable, de mucha disposición y carácter. La oreja, bien amarrada con la espada, no se la regaló ni el toro, ni nadie. Tampoco, la Puerta Grande. Enhorabuena a los triunfadores. Y reverencias a Juan Serrano, porque huele a torero.

FICHA DEL FESTEJO

El Puerto de Santa María. Última de la temporada. Corrida goyesca. Menos de media plaza. 2 toros de La Palmosilla (el 1º como sobrero), lidiados en los dos primeros turnos. Y 4 de Núñez del Cuvillo. Destacó el 1º de La Palmosilla, pero también sirvieron mucho los 4 que lidió Cuvillo.

Finito de Córdoba (rosa palo e hilo negro). Ovación y ovación tras aviso.

Sebastián Castella, que sustituía a Morante (lila e hilo negro). Silencio y

Pérez Mota, que sustituía a Talavante (azul e hilo negro). Oreja y oreja.

Castella y Pérez Mota salieron a hombros.

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