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Por Rafael Peralta Revuelta 16 de julio del 2013 - 10:12

Antonio Ignacio Vargas, un coloso del caballo y de la vida

Comienzos. Su amor al caballo

En el seno de una conocida familia de La Puebla de Cazalla (Sevilla) el 14 de junio de 1948, nace Antonio Ignacio Vargas Fernández de Estrada, uno de los rejoneadores de mayor importancia y de más extensa trayectoria de los últimos tiempos. Su entorno familiar, amante de los caballos, fue fundamental para que desde muy joven sintiera una gran afición por la equitación y los toros.

Gran aficionado desde pequeño al mundo equino, tras finalizar sus estudios y trabajar en una fábrica de aceites, comenzó a pensar en dedicarse al mundo del rejoneo de manera profesional. La prueba, a puerta cerrada (tuvo lugar el 13 de junio de 1964, en la plaza de toros de Alcalá de Guadaira) termina por despejar las dudas del centauro sevillano que, el 16 de agosto del mismo año, debuta en público en la localidad de Los Palacios.

Su carrera asciende –brillantemente- en corto espacio de tiempo, debutando en la Monumental de Las Ventas de Madrid, un 13 de agosto de 1967, encabezando un cartel compuesto por Gregorio Sánchez, Emilio Oliva y José Luis Barrero. La de 1968 es una temporada clave, puesto que en ella cosecha sus primeros triunfos en plazas de importancia, actuando un total de 20 tardes. Pero sin duda, su lanzamiento definitivo se produce en 1970 cuando, tras una importante actuación, logra cortar una oreja en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, el día 2 de agosto. Poco a poco, va incrementando sus actuaciones por temporada, sumando más de cincuenta festejos durante varios años consecutivos.

Su afición, constancia y buen hacer le llevan a verse incluido en los carteles con las primeras figuras del rejoneo del momento, por lo que actúa en numerosas ocasiones junto a los hermanos Peralta, Álvaro Domecq y Manuel Vidrié.

Grandes triunfos en las plazas

En una época de renacimiento y esplendor del toreo a caballo, Antonio Ignacio Vargas se hizo valer por méritos propio, imponiendo su propio estilo en la doma, su gran clase como caballista y un rejoneo enérgico y vibrante. Toreó muchas tardes en las plazas más importantes. Su éxito más relevante en la Real Maestranza sucedió el 2 de mayo de 1976, aunque tal vez la tarde del 27 de abril de 1980 fue la más completa en el coso sevillano. En los años 1976, 1977, 1980 y 1990 ganó los premios al mejor rejoneador de la Feria.

Antonio Ignacio Vargas se mantuvo siempre en los primeros puestos del escalafón a base de triunfos.  Y si la década de los 70 fue importante, aún más lo fue la de los 80, en la que logró su consagración. El 25 de abril corta dos orejas a un toro de Antonio Ordóñez en Sevilla, mientras que el 18 de diciembre, en Santa Cruz de Tenerife, pasea cuatro orejas y un rabo.

En el año 88 se proclama máximo triunfador en San Isidro, tras una memorable actuación de la que salió a hombros. Su presencia en los ruedos va disminuyendo en era de los noventa, aunque sigue cosechando destacados triunfos. Así, en la temporada  de 1994 torea 31 festejos y cortando 58 orejas. Y en la temporada 1996, rejoneó 24 corridas, con 35 orejas cortadas.

Su último año en activo fue el de 1999. En la Maestranza toreó por última vez el día 11 de abril de 1999 en un festejo con reses de Luis Albarrán en el que fue aplaudido. Toreó con Joao Moura, Buendía, Leonardo Hernández, Hermoso de Mendoza y Andy Cartagena.

Le apoderó como hasta 1991 Manolo Morilla, para pasar a ser dirigido posteriormente por Luis Alegre y Juan Correas. Anunció entonces de forma pública que quería torear reses en puntas. En 1996 forma un espectáculo ecuestre denominado Bailando con toros, donde conjuntó caballos, toros y música.

Se dedicó a la cría y a la doma de alta escuela en su finca Puerta Príncipe, Desde el año 2005 hasta la actualidad era comentarista en Canal Sur Televisión de los festejos de rejoneo.

Un estilo propio. Su cuadra de rejoneo

Como un ciclón. Así cuentan las crónicas que era el rejoneo de Antonio Ignacio Vargas. Un caballero en Plaza que trataba de superarse cada tarde. Su toreo a caballo conmocionaba. Gran dominador era capaz de rejonear toros de los más diversos encastes con los caballos más difíciles, a los cuales sometía con asombrosa habilidad.

Desde aquella jaca Pirata, de sus comienzos. O el PRE Camborio, también de su época inicial, al que recordaba con un especial cariño. De época posterior son el famoso Brasil, caballo tordo que se ponía de pie para citar espectacularmente. Califa, VendavalCelos, Sandwich o Camerún, con el que ejecutaba magistralmente la suerte de la rosa.  Los aficionados a la vaquera, lo recuerdan, sobre todo, en el célebre Margarito, un alazán careto y cuatralbo del hierro de Joaquín López, origen Conde de Aguilar.

Pero era en las banderillas a dos manos y en las banderillas cortas, donde Antonio Ignacio Vargas se crecía y explosionaba los tendidos, enroscándose al toro con poderío en la suerte de la rosa.

Estuvo casado con una hija del diestro venezolano César Girón, de cuyo matrimonio nació su hijo César, que es matador de toros y se anuncia con el nombre y el apellido de su abuelo.

Desde hace varios años era el comentarista de Canal Sur TV para festejos de rejoneo y en esa faceta ha demostrado una innata capacidad didáctica para dar a conocer los misterios del caballo y su doma y la relación con la lidia del toro.

Querido Antonio Ignacio, te fuiste sin haber cumplido aún los 65 años dejando una huella imborrable entre todos los que tuvimos la fortuna de tratarte. Como persona, como padre, como amigo, como torero a caballo. Siempre estarás con nosotros.

Algunos testimonios de amigos y compañeros

Luis Valdenebro: "Su toreo era todo coraje. Mucha garra. Antonio Ignacio tenía un gran amor propio. Y un gran corazón.  Teníamos una gran amistad. En el día a día. Lo trataba frecuentemente. En el ruedo, tenía muchísimo pundonor".

Rafael Peralta: "Hemos compartido cartel muchísimas tardes. Era un gran amigo y muy buen compañero. Era un rejoneador excepcional, vibrante, de mucha entrega,... Antonio Ignacio lo daba todo. Una persona y un  rejoneador irrepetible".

Antonio Correas: "Era un torero de muchísima casta. Muy competitivo en el ruedo y que ha aportado mucho al rejoneo. Mi padre le apoderó junto con Luis Alegre y viví con  el grandes anécdotas y vivencias".

Álvaro Domecq: "Antonio Ignacio tenía muchísima afición. Siempre estaba pendiente del rejoneo, de sus caballos. Ha hecho cosas importantes para el rejoneo. Era un gran amigo. Lo he sentido muchísimo".

Rafael Peralta Revuelta

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