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Por Toni Sánchez / Madrid 28 de mayo del 2013 - 21:35
SAN ISIDRO.- Crónica

El milagro de Saldívar

Arturo Saldívar llegó a Madrid tocado, muy tocado, de un grave percance sufrido en el campo hace apenas unos días. Se rumoreó incluso la posibilidad de que causara baja en el cartel de hoy, ya que se encontraba prácticamente inválido. Por suerte para él, su apoderado no remitió el parte médico a la empresa y el torero decidió ponerse en manos de su fisioterapeuta en busca de un milagro: recuperar su cuerpo para actuar en Las Ventas. Casi nada.

El mexicano hizo su primera aparición en el ruedo para intentar realizar un quite por chicuelinas en el segundo de la tarde, del cual desistió tras un importante topetazo del toro contra su capote y su cuerpo. Daba síntomas aparentes de debilidad, pero nada más lejos de la realidad. En cuanto su toro, el tercero de la tarde, un precioso negro salpicado de El Ventorrillo, pisó el ruedo, a Saldívar se le pasaron los males y se puso a torear como si su cuerpo estuviera indemne de la paliza sufrida en el campo. ¡Milagro! Para asombro de los que conocían la intrahistoria que les he contado al principio de esta crónica, Saldívar se plantó de hinojos en el mismo centro del ruedo para citar a Afrentoso de largo. El toro acometía con una emocionante embestida, a la que el mexicano le dio la dosis correcta de firmeza y mando para no pasar apuros. Saldívar clavó sus zapatillas en el centro del anillo y ejecutó varias series de derechazos que calaron hondo en el tendido madrileño. En un parón del astado, el americano aguantó estoicamente y le propinó un cambiado por la espalda que levantó al público del asiento. Ahí cobró más fuerza aún la faena. El toro fue a menos y el espada acortó distancias pero con la misma consigna: no mover un ápice de su cuerpo. Arturo Saldívar se pasó al de El Ventorrillo por donde quiso; por delante, por detrás, por aquí, por allá, ... sin desatornillar sus manoletinas del albero. Un final por impresionantes bernadinas, en las que en varias ocasiones se vió al torero literalmente cogido, y un buen espadazo, pusieron en mano de Saldívar el trofeo a tan elogiable esfuerzo. El mexicano pasó de estar postrado en una cama hace escasas horas, a pasear una oreja de peso en La Monumental de Madrid. ¡Milagro!

Todo parecía encauzado hacia un triunfo gordo de Arturo Saldívar en Las Ventas, pero algo cambió el sino de su tarde. Quizás algo mermado de facultades tras el esfuerzo frente al exigente y bravo tercer toro, Saldívar no lo vio claro en el que cerraba plaza, aunque se mostró dispuesto y desafiante, intentando poner de acuerdo al público como hizo en el tercero. Bien es cierto que su antagonista no quería ofrecerle tal posibilidad de triunfo.

Abría cartel Sergio Aguilar, un torero muy del gusto de Madrid, que poco pudo ofrecer a su público dada la condición de sus enemigos. Su lote apenas presentó opción de lucimiento para un torero que todo lo quiso realizar con pureza y verdad. Gazapones, lanzando derrotes, sosos, sin transmisión, agarrados al piso, ... Así fueron sus dos toros, frente a los que apenas pudo justificarse en ambos inicios de faena y con dos soberbios volapiés que pusieron fin a cada uno de sus episodios esta tarde en Las Ventas. Cabe resaltar dentro de su actuación el hecho de que su segundo trasteo lo realizara con la montera calada, ofreciendo una imagen de torero antiguo y distinto que es de agradecer en los tiempos que corren.

Miguel Ángel Delgado llegó a Madrid con escaso bagaje a sus espaldas y con todo por ganar en una tarde así. El lote que le correspondió en suerte, aunque no fue fácil, ofreció posibilidades de triunfo al torero sevillano. En su primero ejecutó una emocionante serie al natural en los medios al inicio de faena, que aunque le faltó ajuste tuvo la transmisión necesaria para que el público se pusiera de parte del espada. Repetía el toro, exigiendo todo por abajo en la muleta de Delgado, en una batalla de poder a poder, en la que acabó imponiéndose el astado de El Ventorrillo, pues el torero no supo conducir ni someter la embestida por donde requería para que aquello levantara el vuelo. La actitud de Miguel Ángel Delgado fue encomiable toda la tarde, pero con toros tan exigentes como el que saltó al ruedo en segundo lugar, la experiencia es un grado.

Cerró su actuación frente a Bromista, noble y colaborador, al que saludó Delgado de forma airosa jugando los brazos a la verónica, ganándole terreno hasta la misma boca de riego. Inició su faena de muleta con un cambiado por la espalda en los medios, para seguir toreando con firmeza sobre la mano derecha, por donde el toro metía bien la cara. El espigado torero buscó con ahínco un triunfo que tuvo en la mano tras una gran serie sobre el mejor pitón del astado, el derecho. Se echó la muleta a la izquierda y aquello volvió a bajar como la espuma, llegando los enganchones y la falta de eco en el tendido. El toro se apagó como una vela, poco a poco, mientras el torero se pegaba un arrimón entre pitones como epílogo a su paso por Madrid.

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid). Decimonoveno festejo de abono. Con tres cuartos del aforo cubierto en tarde soleada y fresca, se lidiaron seis toros de El Ventorillo, bien presentados y de diverso juego, siendo el mejor el tercero, aplaudido en el arrastre. El 1º manso y soso, 2º manso pero exigente, con recorrido y transmisión, sin clase el 4º, noble el 5º y muy venido a menos el 6º.

Sergio Aguilar (chenel y oro); estocada (silencio), estocada (silencio).

Miguel Ángel Delgado (tabaco y oro); estocada (saludos tras aviso), tres pinchazos y descabello (silencio tras aviso).

Arturo Saldívar (azul marino y plata); estocada (oreja), estocada y descabello (silencio).

Incidencias: Saludó montera en mano Juan Navazo tras parear al primero de la tarde.

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