Nadie diría, tras acabar su actuación en Valencia, que el rejoneador Diego Ventura reapareció en la ciudad del Turia con la tibia partida y en medio de una tortuosa recuperación. Sin que apenas se le notase la inactividad de estas últimas semanas, el rejoneador se dosificó y midió más en el primero de su lote, aunque en el que cerró plaza explotó en el torero que todos conocemos y cuajó, sin miramientos, una faena entregada, pletórica y llena de dominio en la que todo lo hizo él pero que malogró con el rejón de muerte.
Ventura firmó con este sexto de Bohórquez, un toro cuajado que salió con muchos pies y al que paró con temple, toreo de costado y mucha emoción, una faena completa, alegre y bullidora a la par que comprometida, que conectó con un público entregado desde el principio.
Seguro y valiente durante toda la lidia, arriesgó mucho su físico y el de las cabalgaduras en los dos primeros tercios, poderosos y vibrantes, que pusieron al público rendido a sus pies. Después, el toro acusó las exigencias de una lidia soberbia lo que no fue impedimento para que un Ventura crecido cuajara lo más impactante y valiente cuando clavó de frente, adornándose y al estribo con las banderillas.
Faena poderosa y entregada de más a más, en la que se vio la mejor versión de Ventura, con un sentido del espectáculo y del toreo a caballo que refrendan el excelente momento en el que se encuentra. Cerró su vibrante actuación con las rosas siendo una auténtica lástima que el mal uso del rejón le privase de un gran triunfo en Valencia.
Antes, con el tercero ya efectuó toda una declaración de intenciones cuando a punto estuvo de cortar las dos orejas al de Bohórquez. Faena más medida que la última, con más precauciones que la del sexto, pero que logró momentos de gran emoción con varias banderillas clavadas al quiebro de manera muy ajustadas, y otras dos en las que esperando al toro mucho, embrocó al quiebro con precisión y arriba.
Abrochó su reencuentro con el toro con las cortas reuniendo siempre al estribo y a él fue a parar una oreja sin apenas evidenciar el grave percance del que todavía se reestablece. Con su actuación y actitud en Valencia demostró que es uno de los grandes del rejoneo actual.
Por su parte, el benidormí Andy Cartagena, también perdió la posibilidad de abrir la puerta grande por el mal manejo de los rejones. Con un toro codicioso y noble que hizo segundo, firmó una primera actuación comprometida y alegre que prendió en el tendido.
Siempre moviéndose entre la ortodoxia y la espectacularidad del toreo a caballo, los momentos más vibrantes de Cartagena llegaron con varios pares al quiebro y al violín rematando con facilidad y técnica con las cortas. El fallo con el rejón de muerte le privó al menos de un trofeo.
Y con el quinto, que tuvo movilidad y transmisión Andy realizó una lidia completa, templando a dos pistas y clavando siempre arriba y al estribo. Faena vibrante que llegó al público y cuyo cénit se alcanzó con las banderillas cortas al violín. Lastima que volvió a fallar con el rejón de muerte porque otra vez, volvió a perder un triunfo importante en Valencia.
El más veterano de la terna, el jerezano Fermín Bohórquez, tuvo pocas opciones ante su lote. Con el que abrió plaza, un primer toro sin emoción y que terminó parado, realizó una faena sobria aunque desigual a la hora de clavar, lo que imposibilitó que la actuación alzase el vuelo, por lo que se le silenció su labor.
Con el cuarto ocurrió algo parecido. Otro toro parado de salida y deslucido, con el que el Bohórquez trató de hilvanar un trasteo aseado, buscando siempre la reunión pero sin conectar con el tendido. Lo más destacado fue el epílogo con las banderillas cortas que dieron paso a un fallo reiterado con el rejón lo que propicio el silencio del respetable.