América
Por Jorge Arturo Díaz Reyes 29 de mayo del 2013 - 23:45
UN AMERICANO EN MADRID

¡Uuun petardo!

El grito estalló a coro en la plaza, que había comenzado con tres cuartos y esa altura, del sexto, estaba casi desocupada. Toda una alegoría de como van las cosas en la fiesta.

La tarde gris, aguada y fría, lo fue en todos los sentidos, no solo por lo plomizo del cielo, la lluvia que comenzó a caer sin parar desde el segundo toro, y la baja temperatura, sino por el oscuro panorama que pintó, lo diluido de la casta, y el congelamiento de las emociones.

A todos nos fue mal, a toros, a toreros, a público, y a empresa, pero por sobre todos a la fiesta, a la querida, infamada y amenazada fiesta. Si este es el toro de la primera plaza del mundo, apagué y vámonos. Eso a lo mejor iban mascullando, los ateridos y defraudados que comenzaron a desertar en filas desde el tercero.

Los Domecq de hoy, sangre base de la feria, fueron de tres hierros. Cuatro jandillas, dos ramblas y un torrreón, que hizo segundo bis. Todos, y en conjunto, con peso y tamaño de novillada venteña. Todos flojos, todos dudando, todos trastabillando, todos cayéndose. Todos descastados, todos quedados y todos parados. Todos, la negación del toro-toro, lo único que recordaba su parentesco con el, eran las finas y veletas cuernas.

Ese es el "toro normal" que clamaban algunas voces y plumas mediáticas (no precisamente desinteresadas), que venían pugnando por quitarle imponencia al toro de Madrid. Pues lo están logrando, felicitaciones. Este "toro normal" de hoy, que no pudo ni con sus pocos kilos, ni con su ninguna raza, ni con su nula vergüenza, se cargó la tarde, las ilusiones y terminó echando la gente. Repito, una alegoría del problema general de la fiesta.

Los toreros, que lo intentaron y hasta tomaron riesgos, pues el manso flojo se defiende y resulta tanto o más peligroso que el bravo, podrían quedar exentos de responsabilidad, tapados por la indigencia del encierro. ¿Pero acaso no lo habrán pedido y aceptado? Además, cómo es que "El Fandi" puntero inveterado de las estadísticas, que pasa por ser el mejor banderillero del mundo y, quizá lo sea, clava en Madrid, en los medios de Las Ventas, en las mismísimas barbas de la élite de afición mundial, cuatro pares a toro pasado, y se queda tan orondo, riéndose, y aceptando los aplausos de un sector cómplice o ignaro de la concurrencia.

Daniel Luque, solo atinó a ligar dos series derechas a prudente distancia y con el extremo de la muleta frente al quinto, y Jiménez Fortes, ni siquiera eso, terminó alargando excesivamente su porfía en busca de los imposible con el sexto, pero no había nada que hacer con el marmolillo.

Lo de hoy, muy, muy mal. Los defensores de oficio, los maestros del peloteo, los publi-críticos, que los hay, los hay, podrán decir lo que quieran, agotar los eufemismos, fatigar las disculpas, petrificar la cara, engrupir, florear, lo que sea, pero la crónica de la corrida está resumida en el grito alto del tendido de sol al final ¡Uuun petardo!

Fe de errata: En mi crónica de ayer cometí la ligereza de atribuir al inolvidable compositor mexicano Agustín Lara, la autoría del pasodoble "Cielo andaluz", bella obra que acompaña los paseíllos en la plaza México, cuyas dos versiones pertenecen a lo maestros aragoneses Rafael Gascón y Pascual Marquina, respectivamente. Me disculpo y agradezco a los periodistas mexicanos: Francisco Tijerina y Pepe Mata quienes me hicieron notar el error.

Jorge Arturo Díaz Reyes

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